Cómo conocí a Sofía de Vepó

Creo que hay personas que el universo se empeña en cruzarte, aunque vos todavía no lo sepas.

A Sofi la conocí mucho antes de conocerla. Meses antes de irme a vivir a Australia, una amiga me habló de una marca de bikinis que se llamaba Vepó y de su fundadora, Sofía, que casualmente también se estaba por mudar a Australia. En una de mis tantas iniciativas de la época —cuando soñaba con convertirme en influencer de deportes acuáticos— le escribí para proponerle una colaboración.

La respuesta fue amable, pero básicamente un "gracias, pero no". Sin embargo, entre mensajes, quedó abierta la posibilidad de encontrarnos algún día en Sydney.

Y ahí quedó la historia.

O eso pensé.

Un domingo, pocas semanas después de llegar a Australia, estaba caminando sola por Bondi Beach. Me sentía bastante sola también. Entré a un market para pasar el rato y, buscando unos aros, terminé caminando por un lugar completamente distinto al que me habían indicado.

Entonces lo vi.

Un cartel que decía "Vepó".

No lo podía creer.

Me acerqué al stand y grité desde lejos:

—¡Sofía de Vepó!

Todavía me acuerdo de la cara de sorpresa de Sofi y de Picu. Creo que los asusté bastante. Pero en ese instante sentí algo raro: como si estuviera saludando a una amiga que conocía de toda la vida.

Al día siguiente le escribí nuevamente. La semana siguiente fuimos a la playa.

Y así empezó todo.

Entre mates, playas, mercados y largas conversaciones, descubrí una persona increíblemente emprendedora, apasionada y valiente. Mientras ella me contaba cómo había construido Vepó, yo la escuchaba fascinada. Hasta ese momento, tenía la idea de que para emprender había que tener años de experiencia, títulos y credenciales. Sofi vino a derribar todos esos mitos.

Me mostró que muchas veces alcanza con una idea, pasión y ganas de hacer que las cosas sucedan.

Con el tiempo nos volvimos inseparables. Compartimos playas, cumpleaños, mercados, sueños, proyectos y cientos de conversaciones sobre marcas, creatividad y futuro.

Sin saberlo, Sofi se convirtió en una de las personas que más me inspiró en el camino que años después daría origen a FINS.

Y aunque esta historia empezó con un intento fallido de conseguir bikinis gratis, terminó regalándome algo muchísimo más valioso: una amiga para toda la vida.